Este periodo, que ocupa aproximadamente la horquilla entre los
11 y los 19 años, está plagado de cambios muy
significativos en el
desarrollo de
la
persona. Cobran
una significativa importancia el entorno social, sus
normas y los
modos de afrontar y resolver los
conflictos
propios del desarrollo.
La
pubertad es un
periodo bisagra que queda solapado entre la
infancia y la
juventud. Su
inicio ocurre entre los 11 y 13 años, tanto para las
niñas como para los
niños.
En términos biológicos, la pubertad se refiere a la
fase en la que los niños y niñas presentan su
desarrollo sexual. Después llegan los cambios mentales y
psicológicos, necesarios para afrontar la vida adulta.
Conviene distinguir al adolescente de los adultos y de los
niños. No son 'niños grandes', ni 'adultos
inmaduros'. Son
adolescentes
que requieren de especial
atención, debido a que empiezan una etapa
de grandes expectativas en la que adquieren su propia identidad.
Si el inicio de la pubertad comienza antes de los 8 años,
se considera prematuro. Si no llega hasta los 14 años, se
califica como tardío. En ambos casos conviene consultar
con el médico.
Recordemos que la sexualidad se
encuentra presente durante toda la existencia humana, pero en la
adolescencia
se vive y manifiesta de manera un poco diferente a como se
expresa en otras etapas de la vida. En este período surgen
sensaciones e impulsos de tipo sexual que se encuentran
relacionados con los cambios biológicos que enfrentan
todas y todos las
adolescentes.
Los cambios hormonales provocan que se tengan deseos y
fantasías eróticas, que se quiera sentir placer
físico a través del propio cuerpo y del cuerpo de
otros, especialmente de quien te gusta.
Estas sensaciones generalmente te toman por sorpresa, por eso
la angustia, el temor, la incertidumbre y la confusión
revolotean en tu cabeza, más aún si no se tiene la
información necesaria para comprender mejor
lo que te está pasando, o si no se cuenta con personas
confiables que te puedan escuchar y orientar seriamente.
La forma de vivir estos cambios y
procesos tiene
que ver con características personales (como el
sexo, la edad
o la
personalidad) y sociales (la
cultura, el
nivel educativo, la
religión, etc.),
así como con las reacciones y demandas del mundo que te
rodea. Resulta común que, en los primeros años de
la adolescencia, las y los jóvenes se aíslen un
poco del mundo que les rodea, prefiriendo pasar más
tiempo a solas
consigo mismas/os. Esto se encuentra relacionado con la
sensación de incomodidad con el cuerpo por lo
rápidos y fuertes que son los cambios. Es aquí
cuando vuelve a aparecer la autoestimulación (ya que de
niños o
niñas también se viven estas experiencias, solo que
no tienen por finalidad alcanzar el orgasmo sino explorar el
cuerpo) y las fantasías (o "soñar despierto") que
permiten liberar los deseos e impulsos sexuales que se
están sintiendo.
Sin embargo, la autoestimulación suele ser una
actividad muy común durante toda la adolescencia, no solo
al inicio. Además, esta cumple un papel muy importante, ya
que permite explorar el cuerpo, conocer más sobre los
genitales y su funcionamiento, así como liberar
energía sexual. También la autoestimulación
posibilita a la
persona fantasear
y prepararse para las relaciones genitales en pareja. Conforme se
va viviendo una mayor adaptación a los cambios del cuerpo,
las amistades con personas del mismo sexo ocupan un lugar muy
importante. Es frecuente que se tenga un mejor amigo o mejor
amiga, con quien se comparten secretos, confidencias, tristezas y
alegrías, así como los deseos más profundos.
Con esta persona se quiere estar todo el tiempo, así que
cuando no pueden verse, las conversaciones telefónicas,
cartas o
mensajes son interminables.
También se suele tener un
grupo de
amigos o amigas del mismo sexo. En estos
grupos comparten
experiencias, angustias y deseos; también se cuentan las
cosas que les ha pasado con la persona que les gusta, y eso ayuda
a tranquilizar la
inseguridad y
dudas que estos encuentros generan.
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